Los hombres que querrían entender a las mujeres – pero no lo intentan

Si yo te quiero mucho, pero no te entiendo.

Los hombres haciendo bromas y chascarrillos sobre dietas, compras, depilación, maquillaje, tacones, regla, etc.

Claro que lo hacen. Quieren formar parte de un algo relativo a la feminidad que no queda muy claro para nadie qué es. Los medios de masas y la ¡ay! sociedad informan de ciertos grupos de ítems bien definidos. Un hombre que se quiere acercar a una mujer, a un grupo de mujeres, a la mujer, y lo hace sin intención de “conocerla” (Antiseducción) o una niña que anda algo perdida y busca dónde reflejarse; alguien que es ajeno a todo un macizo ideológico y busca adentrarse con perspectiva tiene unos accesos rápidos limitados.

¿Qué hacen las mujeres… con su tiempo de mujer?

Por lo que parece, tener la regla y tratar de ocultarla, deshacerse de sus pelos, pintarse, cuidar su figura de mujer, interesarse por la moda. Yo qué sé, esas cosas.

Y hay mujeres molestándose por esos acercamientos desacertados.

“¿Qué pasa, estás con la regla?” –> está feo decirlo porque supone que estás diciendo que está histérica; doble fallo comunicativo. Tal vez este comentario desafortunado esté encerrando una triste confesión: “si estás con la regla entiendo que no puedo entenderte; si no estás con la regla, no entiendo por qué no te entiendo”.

¿Por qué a veces sí es un comentario malintencionado? Porque a veces parece querer decir: “ya estás comportándote como una mujer”, cuando la asociación “menstruación=mujer” deja lo demás fuera de todo planteamiento.

Señores riendo a carcajadas nerviosas balbuceando sobre sus mujeres o las mujeres; mujeres reivindicando que ellas no, a ellas no les afecta eso.

Señores que se están metiendo en un espacio privado y secreto, que es donde las mujeres acuden para parecer más jóvenes, más frescas, más inmaculadas, más lozanas, más puras; donde nacen sin vello y envejecen sin arrugas. Ahí no deben entrar los hombres, igual que no deben ver a la novia antes de que termine de prepararse para encontrarse con él en el momento clave, de esa otra manera que no representa nada de lo que ha sido nunca ni volverá a ser. Mujeres ofendiéndose porque si los hombres conocen sus entretelas y sus consejos atravesando generaciones, ¿cómo se van a seguir sorprendiendo?

Y las mujeres, claro, no deben entrar en las tetas, los coches, el fútbol – ¿en qué piensan los hombres? -; las miradas y los comentarios cómplices. Ése es el ámbito secreto de ellos, donde pueden hablar de lo que tienen que hablar para, veladamente, confesarse unos a otros, apoyándose con camaradería, que no entienden a las mujeres pero, ¡ay!, cómo les gustaría.

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